lunes, 3 de enero de 2011

CARTA 3 (Pensamientos del hijo de Medea)

Todavía puedo ver un puñal hendiéndose en la carne de mi hermano y alguna lágrima asomando a los ojos de mi madre. Sé que no quiere hacernos daño, pero la venganza hacia Jasón es más fuerte.

Encuentro una luz que deja penetrar una puerta que mi madre acaba de abrir. Consigo levantarme del suelo aunque me tiemblan las piernas pero, por un momento, creo que todo lo he soñado, que no he visto a mi madre con un puñal, porque al salir de la fría y oscura habitación encuentro una mesa bien arreglada en la que hay una sopa para mí.

Mi madre me sonríe, aunque le veo lágrimas en los ojos que no me inspiran confianza, como tampoco lo hacen el par de velas negras que presiden la mesa.

Aún así, tras la insistencia de Medea pruebo la sopa, tan buena como todas las demás que me ha hecho en otras ocasiones pero empiezo a notar un ligero dolor de cabeza con el que me voy a dormir.

Lo último que recuerdo es el beso de mi madre en la frente y una mirada cariñosa antes de que la faceta que desconocía de mi madre hubiese entrado en juego.

              Hijo de Medea.


3 comentarios:

  1. Uf, qué duro, pensar que tu propia madre... Muy bien reflejado, Cristina.

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  2. A esta carta le había puesto título: Sobre lo que Medea hizo con un puñal y una sopa.
    Pero al final lo quité porque me sonaba a redacción, ya que a las cartas no acostumbro a ponerles título.

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