lunes, 3 de enero de 2011

CARTA 4 (Reflexión de Medea)


Apenas llevaba algunas pertenencias: un dolor imposible de extinguir y la maldición de Jasón tras de mí que nunca consiguió herirme gracias a la protección de mi abuelo, el dios Helio.
Tras de mí, tapados con mantas reposaban mis hijos en el carro a la espera de ser enterrados.
Todavía ahora seguía planteándome la pregunta: ¿No me habré equivocado?
Sabía todo aquello que decían de mí, todas las malas críticas después de la muerte de la princesa Glauca y todo acababa influenciando sobre mi persona porque la sociedad es muy fuerte.
Siempre había tenido algo que me protegía del dolor a parte de mi abuelo. Era algo que me hacía reflexionar bastante antes de actuar y había llegado a la conclusión de que la venganza me hacía sentir mejor que el cariño que me hubiera podido ofrecer Jasón.
Cerré los ojos ganando la batalla al dolor, sintiéndome en paz tan solo con escuchar los cascos del caballo que tiraba del carro y, por un momento, no me importó el rumbo que tomase.
                                                                   Medea.

1 comentario:

  1. La culpa y el remordimiento. Muy bien Cristina, has humanizado al personaje que podía ser considerado como un monstruo. ¿Hay algún tipo de justificación para su comportamiento?

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Pensamientos griegos