Cristina habla de la guerra del Peloponeso.
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domingo, 5 de febrero de 2012
domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
NOS VESTIMOS
| CC Ian W. Scott |
| CC Ana Belén Cantero |
En esta imagen vemos a la diosa Atenea sin brazos llevando un peplo, túnica femenina de la Antigua Grecia que era una pieza rectangular de doble pliegue ceñida a la cintura por un cinturón y que solía estar hecha de lana.
martes, 15 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
Ζέφυρος
Ζέφυρος
...acabo de discutir con uno de mis hermanos, Βορέας. ¿Por qué? por nada, cosas de dioses, pero ya que insistís os lo cuento.
Resulta que Βορέας quiere (bueno, quería) a la misma mujer que yo, Cloris (sí, es esa hermosa mujer que me abraza en el nacimiento de Venus), pero finalmente ha preferido a Orítia y la ha raptado (pobre Oritía, me cae bien, pero no puedo hacer nada por ella).
Tuve una hija con Cloris, Carpo, que quiere decir "fruta". (no lo olvidéis: 5 piezas de fruta al día, muy ricas en vitaminas y minerales).
También estuve con Podarge, una arpía, que significa: ἁρπάζειν (arrebatar) y soy padre de Balio y Janto (los caballos de la foto).
Pero ahora tengo un problemilla. Acabo de ver a un príncipe espartano paseando por la ciudad (que por cierto, es Tracia, donde llevé a unos enamorados hace algún tiempo, Cupido y Psiqué) y nunca había visto nada igual. Si lo vierais alucinaríais (os pondría la foto, pero es que mi cámara no ha podido soportar tanta belleza. Se la llevaré a Ἥφαιστος (Hefesto) a ver si puede repararla en su taller).
Se llama Jacinto, y ¿por qué está hablando con... ¡Apolo!? y a juzgar por esas miradas... ¡Voy a cantarle las cuarenta ahora mismo! (enseguida vuelvo) Jacinto es para mí, y lo conseguiré, eso seguro.
Después de bastantes horas...
Vengo con el corazón roto, y las lágrimas saltándome de los ojos como ríos (si no me consoláis, inundaré todo el mundo con mi llanto). Apolo ha ignorado todo lo que le he dicho (y tampoco me esperaba otra cosa), pero la causa de mi tristeza ha sido y será Jacinto, que me ha explicado amablemente por qué ha elegido a Apolo y no a mí.
Ahora los veo un poco lejos, jugando con un disco volador y no puedo apartar la mirada de Jacinto.
¡Oh, Jacinto!, ¿por qué no supiste elegirme a mí, que soy más guapo que Apolo y hasta tengo unas alas más bellas que él con las que te llevaría a dar un paseo por el cielo?
Mirar Apolo como presume con el disco (ahora es cuando me toca vengarme ¿verdad?, si todos los dioses pueden hacerlo ¿yo por qué iba a ser menos?). Soplaré, soplaré y la casa derrumbaré (¡ay!, perdón, que esa frase es del cuento de los tres cerditos). Soplaré, soplaré y a Jacinto heriré.
¡Ups! He soplado demasiado fuerte y el disco volador ha matado a Jacinto.
Apolo en un primer momento cree que la culpa es suya, pero después me descubre detrás de una roca y se enfada terriblemente, así que mejor huir ¿no?
Lo último que veo antes de echar a correr (o a volar) es el Hyacinthus (Jacinto) que siglos después sería una planta más o menos conocida. He aquí la flor (la cámara ya me funciona, es que me había olvidado de encenderla):
Así que ya lo sabéis, si existe el Jacinto es gracias a mí (pero tampoco hace falta que me lo agradezcáis), y ahora que Apolo ha conseguido transformarme en brisa, me voy volando a ver a mi hermano Βορέας que dice no-se-qué de que Hefesto ha venido a preguntarme que es una cámara y a decirme que él solo repara televisiones y radios.
lunes, 31 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
CARTA 5 (pensamientos de Jasón)
No volví a tener hijos y nadie consiguió acabar con mi honda tristeza.
No quise volver a enamorarme porque inevitablemente recordaba mis desgracias amorosas pasadas.
Perseguí durante años a Medea y la felicidad, pero ambas se me escaparon de las manos una y otra vez. Así que me propuse un objetivo más fácil: seguir a la muerte.
Acabó siendo más difícil de lo que creí, porque siempre unos u otros acababan por descubrir mis planes de suicidio.
Por la noche los dioses me maldecían dejándome con vida. Por el día los ciudadanos me salvaban de la muerte.
Pero hasta este momento no he hablado en pasado por capricho, sino porque al fin lo conseguí y ya no existo. Después de todo, Medea fracasó en su venganza, porque estoy con mis hijos y soy feliz.
Por desgracia, no puedo bajar a la Tierra para contárselo pero, para eso está Hermes, el dios mensajero, ¿no?
Jasón.
CARTA 4 (Reflexión de Medea)
Apenas llevaba algunas pertenencias: un dolor imposible de extinguir y la maldición de Jasón tras de mí que nunca consiguió herirme gracias a la protección de mi abuelo, el dios Helio.
Tras de mí, tapados con mantas reposaban mis hijos en el carro a la espera de ser enterrados.
Todavía ahora seguía planteándome la pregunta: ¿No me habré equivocado?
Sabía todo aquello que decían de mí, todas las malas críticas después de la muerte de la princesa Glauca y todo acababa influenciando sobre mi persona porque la sociedad es muy fuerte.
Siempre había tenido algo que me protegía del dolor a parte de mi abuelo. Era algo que me hacía reflexionar bastante antes de actuar y había llegado a la conclusión de que la venganza me hacía sentir mejor que el cariño que me hubiera podido ofrecer Jasón.
Cerré los ojos ganando la batalla al dolor, sintiéndome en paz tan solo con escuchar los cascos del caballo que tiraba del carro y, por un momento, no me importó el rumbo que tomase.
CARTA 3 (Pensamientos del hijo de Medea)
Todavía puedo ver un puñal hendiéndose en la carne de mi hermano y alguna lágrima asomando a los ojos de mi madre. Sé que no quiere hacernos daño, pero la venganza hacia Jasón es más fuerte.
Encuentro una luz que deja penetrar una puerta que mi madre acaba de abrir. Consigo levantarme del suelo aunque me tiemblan las piernas pero, por un momento, creo que todo lo he soñado, que no he visto a mi madre con un puñal, porque al salir de la fría y oscura habitación encuentro una mesa bien arreglada en la que hay una sopa para mí.
Mi madre me sonríe, aunque le veo lágrimas en los ojos que no me inspiran confianza, como tampoco lo hacen el par de velas negras que presiden la mesa.
Aún así, tras la insistencia de Medea pruebo la sopa, tan buena como todas las demás que me ha hecho en otras ocasiones pero empiezo a notar un ligero dolor de cabeza con el que me voy a dormir.
Lo último que recuerdo es el beso de mi madre en la frente y una mirada cariñosa antes de que la faceta que desconocía de mi madre hubiese entrado en juego.
Hijo de Medea.
CARTA 2
| Imagen |
Querida Glauca,
Encontré los pedazos de una carta en casa de Medea. Ahora me lamento y juro venganza pero eso no te devolverá la vida.
Veo palabras perdidas en el papel, "maldad", "celos", "trama", "vida"… y sin embargo, nadie escribió sobre "la muerte".
Nuestras vidas que estuvieron unidas, se ven ahora separadas por el destino. Ambos hemos cambiado. Yo he recorrido el camino de la pobreza a la riqueza al cambiar de esposa. Tú, has experimentado las consecuencias de esto, pasando de la vida a la muerte. Pero lo peor de todo no es esto, sino que no te hecho de menos, que me siento bien y veo mi futuro tan soleado como la luz que asoma por la ventana. Solo me falta ir a buscar a mis hijos, porque ahora sé la clase de persona con la que he estado durante tantos años...
Jasón.
CARTA 1
Estimada Glauca,
Sé lo que trama Medea. No fui al Oráculo pero lo ví en sus ojos. Había odio, maldad, y celos que pretendían vengarse de ti.
Ha ido al bosque a buscar los ingredientes necesarios para el veneno que impregnará un futuro regalo que llevarás puesto.
Mi hermano cree que esta carta solo servirá para acabar con nuestra propia vida o la de nuestra madre, que alguien la interceptará y la hará pedazos pero había de cumplir lo que creía correcto.
Ahora intuyo que son ciertas las palabras de mi hermano porque siento sobre mí la mirada fija de dos ojos negros que leen la carta mientras la escribo y que harán desaparecer estas letras y más de una vida, pero repito: Sé lo que trama…
Atentamente, del hijo mayor de Medea.
sábado, 18 de diciembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
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